Bioindicadores: Seres vivos que detectan la contaminación

Libélulas para saber el estado de las aguas, hormigas para evaluar la peligrosidad de una mina, abejas para detectar la contaminación atmosférica urbana, la hoja del tabaco para comprobar daños por ozono, corales y pingüinos para conocer el alcance del cambio climático… En vez de costosos equipos de medición y análisis, algunos científicos proponen el uso de bioindicadores, organismos o sistemas biológicos sensibles a las variaciones en la calidad ambiental.

Los ecosistemas cuando se alteran o rompen su equilibrio comienzan a dar ciertos alertas de que las cosas no funcionan bien. En todos los ambientes tanto terrestres como acuáticos hay especies que son bioindicadores biológicos de la calidad ambiental del mismo.

Las mariposas, luciernagas y otros insectos cuando comienzan a desaparecer de una zona, en general indica que la contaminación del aire esta aumentando y perjudicando a estas especies sensibles a la misma.

Las ranas, sapos y otros especies son indicadores de contaminación del agua y del suelo.  Muchos animales perciben los desastres naturales como tsunamis y terremotos, grandes tormentas por lo que cuando hay cierta alteración o comportamientos extraños de animales deberían ser tenido en cuenta en particular en zonas propensas a este tipo de fenómenos. Cuando aparecen determinadas algas y plantas acuáticas en espejos de agua determinan que se esta ante la eutroficación, debido al aumento de contaminación orgánica en el agua.

Estos métodos biológicos parecen antiguos ante la tecnología existente y disponible, pero a los cientifícos y pobladores de zonas alejadas les sirve de indicador de como se encuentra el medio ambiente. Ante la más mínima alteración de las condiciones de su entorno, algunos seres vivos generan una determinada respuesta, cambiando sus funciones vitales y/o su composición química o genética, o incluso acumulando el agente contaminante.

Por ello, estos seres vivos se pueden convertir en unos indicadores biológicos muy útiles, fiables – y económicos – para evaluar la calidad ambiental del suelo, el aire o el agua.

En este sentido, algunos animales son conocidos tradicionalmente por los pescadores como buenos indicadores de las condiciones de los ríos. Tal es el caso por ejemplo de los mirlos acuáticos, las libélulas y caballitos del diablo, las nutrias o las ranas comunes. Este tipo de animales necesitan unas aguas muy limpias para encontrarse a gusto. Si aparece algún mínimo elemento contaminante, que podría pasar desapercibido para los seres humanos, estos seres huyen del lugar.

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