La castaña ecológica gallega, un lujo en todo el mundo

En países como Japón o Italia la castaña se ha convertido en un producto venerado para el consumo. Lo utilizan en la cocina para elaborar cremas, pasteles e incluso la conocida marca Hägen Dazs comercializa un helado con sabor a castaña. Japón ya es el mayor consumidor a nivel mundial, 80.000 toneladas al año, que destina a todo tipo de fines culinarios. Un producto del que un 80% terminará en el mercado internacional.

Una parte importante del producto que cada año llega a Japón lo hace desde la fábrica de Alibós, situada en plena Comarca de A Ulloa, en Monterroso. El 70% de la castaña gallega destinada a la industria es comercializada por la factoría lucense, que, situada en el centro de la Comunidad de Galicia, cuenta con una zona con un clima húmedo de temperaturas suaves y gran riqueza de los suelos que favorecen la producción de castañas, hongos y setas. En un radio 150 km. de la fábrica se concentra el 90 % de la producción de castaña de la Península Ibérica por lo que nuestra situación es privilegiada para la transformación de este fruto. aAlibós cuenta, desde el año 2005, con certificados en los estándares IFS Food y BRC Global Standard for Food Safety, las normas de calidad alimentaria más exigentes en el mundo. Además, están certificados como productores y elaboradores de producto ecológico y disponen de productos amparados por la certificación IGP Castaña de Galicia.

erizo-996311Historia de la castaña

Para comprender la situación que vive el sector es necesario remontarse al siglo XVI cuando la patata y el maíz llegados de América se incorporan a la dieta quedando la castaña relegada como alimento para las clases sociales bajas y los animales domésticos. Hoy en día, los mercados más avanzados han conseguido aumentar su demanda como consecuencia de la revalorización de los productos artesanos y su utilización en la alta cocina.

La recogida, una tarea laboriosa

La recogida de la castaña en Galicia constituye una tarea laboriosa condicionada por las inclemencias del tiempo en el que se recoge, los meses de otoño e invierno, y la inexistencia de procesos mecanizados. Recogen el fruto directamente del suelo, tras caer del árbol, y lo almacenan en cajas que luego trasladan en brazos hasta las furgonetas o los tractores.

Una vez extraído del caparazón lo venden a la fábrica monterrosina de Alibós donde los operarios, en su mayoría mujeres, se encargan de calibrarlo y pelarlo antes de ser congelado para su distribución a los mercados nacionales e internacionales.

La campaña de recogida se extiende desde septiembre hasta enero, período en el que la planta de Alibós da trabajo a más de 120 empleados. El resto del año el número de efectivos se mantiene en los 20. Reciben el producto en sus instalaciones de Monterroso donde lo calibran y lo pelan retirando sus dos cáscaras y seleccionando el fruto por su calidad para luego congelarlas y venderlas a industrias o grandes distribuidores, un proceso en el que, como apunta Quinta, el fruto “mantiene todo su sabor, textura y color”.

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